
I robot…
El ser humano lleva miles de años intentando crear vida artificial.
No es una obsesión moderna. No empezó con la inteligencia artificial ni con Elon Musk ni con Boston Dynamics. Empezó mucho antes. En la mitología. En los talleres de los alquimistas. En los gabinetes de curiosidades de los reyes del siglo XVIII. El sueño de construir un ser a nuestra imagen y semejanza es tan antiguo como la propia civilización.
La diferencia es que ahora, por primera vez en la historia, ese sueño está a punto de hacerse realidad.
Contenidos:
I ROBOT | LuisBermejo.com 06×23
El primer robot de la historia
Antes de los circuitos y los algoritmos, estaba Hefesto.
El dios griego de la forja —el único dios feo del Olimpo, por cierto— fabricó según la mitología una serie de sirvientes mecánicos de oro para que le ayudaran en su taller. Mujeres de metal con inteligencia y habla. También construyó a Talos, un gigante de bronce encargado de proteger la isla de Creta, que recorría sus costas tres veces al día lanzando piedras contra los barcos enemigos.
Ficción, claro. Pero ficción que nos dice algo muy importante: hace 2.500 años, los griegos ya estaban imaginando exactamente lo que hoy estamos construyendo. Un ser artificial, de aspecto humano o sobrehumano, que trabaja, protege y obedece.
El deseo precede a la tecnología por milenios.
Después vino el Golem de la tradición judía. Una figura de barro animada mediante una palabra sagrada escrita en su frente. El primer robot de la historia que incluía un interruptor de apagado: borraba la palabra y el ser dejaba de existir. Protocolo de seguridad incluido desde el año 1200, más o menos.
Los autómatas: cuando la fantasía se hizo mecánica
El siglo XVIII fue el siglo de los autómatas. Y lo que se construyó entonces sigue siendo, con toda honestidad, impresionante.
Jacques de Vaucanson, ingeniero francés, presentó en 1738 tres autómatas que sacudieron Europa entera. Un flautista mecánico capaz de tocar doce melodías diferentes. Un tocador de tambor. Y el más famoso: el Pato Digestivo. Un pato de metal que no solo movía las alas y graznaba, sino que comía grano, lo digería y lo defecaba. La Academia de Ciencias de Francia enloqueció. Voltaire lo llamó «el rival de Prometeo».
No era magia. Era ingeniería de relojería llevada al límite absoluto de lo posible.
Después llegaron los Jaquet-Droz, familia de relojeros suizos que construyeron entre 1768 y 1774 tres autómatas que todavía hoy funcionan y se pueden ver en el Museo de Arte e Historia de Neuchâtel. El Dibujante, capaz de dibujar cuatro imágenes diferentes. La Músico, que toca el clavicémbalo con dedos reales sobre teclas reales. Y El Escritor, un niño mecánico que escribe textos de hasta cuarenta letras con una pluma real.
El Escritor tiene un mecanismo programable. Se puede cambiar el texto que escribe modificando unas pequeñas piezas en su interior. Es, para todos los efectos prácticos, un ordenador mecánico del siglo XVIII.
El salto al siglo XX: de la ciencia ficción a la fábrica
La palabra robot tiene apenas cien años.
La inventó el escritor checo Karel Čapek en 1920, en su obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum). Viene del checo robota, que significa trabajo forzado, servidumbre. Čapek imaginó robots creados para trabajar, que acababan rebelándose contra sus creadores y exterminando a la humanidad.
Cien años después, seguimos escribiendo exactamente la misma historia en Hollywood.
En la realidad, los primeros robots industriales llegaron en los años 60. El Unimate, instalado en una cadena de montaje de General Motors en 1961, fue el primero. Pesaba casi dos toneladas, no tenía cara ni piernas, y su único trabajo era soldar piezas de carrocería. Nada que ver con el sueño de Hefesto.
Pero era el comienzo.
2025: el año en que los robots salieron de las fábricas
Lo que está pasando ahora es cualitativamente diferente a todo lo anterior.
Boston Dynamics presentó en abril de 2024 una nueva generación de su robot humanoide Atlas, completamente eléctrico, diseñado para aplicaciones del entorno real, apuntando a sectores industriales y logísticos. No es un prototipo de laboratorio. Es una máquina pensada para trabajar. Infobae
Agility Robotics, en Oregón, está llevando robots humanoides a los almacenes. Su robot Digit fue probado en instalaciones de Amazon, y la compañía tiene capacidad para producir hasta 10.000 unidades anuales en 2025. Infobae
Tesla tiene a Optimus. China tiene sus propios humanoides y los considera una prioridad estratégica nacional. Nvidia, Amazon y Tesla trabajan intensamente en soluciones robóticas basadas en inteligencia artificial, con el apoyo de inversores privados y, en algunos casos, financiación militar. Sierks
La carrera está en marcha. Y esta vez no es entre dos superpotencias compitiendo por llegar a la Luna. Es entre docenas de empresas compitiendo por colonizar tu casa.
El robot que no sabemos si queremos
Y aquí llegamos al punto que nadie sabe muy bien cómo discutir en voz alta.
El mercado de robots sexuales ya está valorado en 346 millones de dólares, y para 2031 esta cifra podría alcanzar los 764 millones. No es ciencia ficción. Es una industria con inversores, fábricas y hojas de ruta. Root-nation
Los robots humanoides podrían servir como terapeutas psicológicos, acompañantes para personas solitarias o asistentes en el cuidado de personas mayores. Sin embargo, la diferencia clave con otras áreas de la robótica reside en la ambición de los robots sexuales de convertirse no solo en dispositivos, sino en un sustituto aceptable de la interacción humana. Root-nation
Ahí está la pregunta que nadie quiere hacer directamente: ¿sustituto aceptable?
Los objetivos del desarrollo de inteligencia artificial para robots de compañía —crear la ilusión de emociones, afecto y comprensión— ya nos están llevando hacia un umbral peligroso: el momento en que los usuarios comiencen a atribuir sentimientos humanos a simples algoritmos de software. Root-nation
No es un problema tecnológico. Es un problema filosófico. ¿Qué le pasa a una sociedad que aprende a relacionarse emocionalmente con máquinas diseñadas para simular que les importas? ¿Qué le pasa a la intimidad humana cuando hay disponible una alternativa que nunca se cansa, nunca discute y siempre está de acuerdo?
El Golem tenía un interruptor de apagado. Nosotros todavía estamos decidiendo si queremos instalarlo.
De Hefesto a Optimus
El arco completo de esta historia abarca tres mil años. Desde un dios griego imaginando sirvientes de oro hasta una empresa californiana produciendo humanoides en cadena de montaje.
Lo que ha cambiado no es el deseo. El deseo siempre fue el mismo: crear algo que nos sirva, que nos acompañe, que haga lo que nosotros no queremos hacer. Lo que ha cambiado es que por primera vez en la historia tenemos los materiales, la capacidad de cómputo y los algoritmos para acercarnos de verdad a esa idea.
Y eso plantea preguntas que la mitología griega ya intuía pero que nosotros tenemos que responder de verdad, con leyes y con ética y con decisiones colectivas que aún no hemos tomado.
Talos protegía Creta lanzando piedras contra los extranjeros.
Pregunta: ¿quién decide contra quién lanza piedras el Talos de 2025?Los robots y autómatas a lo largo de la historia: Una visión a través del tiempo
Los robots y autómatas, I robot, hoy presentes en nuestra vida diaria como asistentes virtuales o dispositivos automatizados, tienen una historia que se remonta a milenios. A lo largo de los siglos, el sueño de construir máquinas que imiten o incluso superen las capacidades humanas ha inspirado a inventores, ingenieros y pensadores. Este artículo traza la evolución de los robots y autómatas, desde sus rudimentarias concepciones en la antigüedad hasta los sofisticados sistemas actuales.
Los albores: La antigüedad y los primeros autómatas
Los primeros vestigios de autómatas, I robot, aparecen en las civilizaciones antiguas, donde estos artefactos no solo eran un testimonio de ingeniería avanzada, sino también un reflejo de la imaginación y la espiritualidad de la época.
En la antigua Grecia, Herón de Alejandría (siglo I d.C.) diseñó una serie de máquinas automáticas (I robot), entre ellas un teatro mecánico que representaba escenas mitológicas. Estas creaciones funcionaban mediante sistemas de poleas, pesos y vapor, demostrando un sorprendente conocimiento de la física. Simultáneamente, en la China de la dinastía Han (202 a.C. – 220 d.C.), se documentaron autómatas en forma de pájaros mecánicos y figuras humanas danzantes.
La Edad Media: Máquinas al servicio de la fe y la ciencia
Durante la Edad Media, los autómatas (I robot) se emplearon principalmente en contextos religiosos. Los relojes astronómicos, que incluían figuras animadas como santos o escenas de la vida de Cristo, decoraban iglesias y catedrales en toda Europa. Estos dispositivos (I robot) no solo servían como demostraciones de devoción, sino también como herramientas educativas para enseñar los ciclos celestiales a una población mayoritariamente analfabeta.
El mundo islámico también destacó en el desarrollo de autómatas. Ingenieros como Al-Jazarí (siglo XII) crearon máquinas complejas (I robot), incluidas fuentes automáticas y relojes mecánicos. Su libro «El conocimiento de los ingeniosos dispositivos mecánicos» es considerado un texto fundamental en la historia de la ingeniería.
Renacimiento y revolución industrial: El florecimiento de la automatización
El Renacimiento marcó un renacer en la creación de autómatas(I robot), impulsado por el auge del humanismo y el redescubrimiento de los textos clásicos. Leonardo da Vinci diseñó varios prototipos, como un caballero mecánico capaz de moverse y realizar gestos. Aunque muchos de sus diseños no se construyeron durante su vida, sus ideas influyeron profundamente en generaciones posteriores.
En el siglo XVIII, el auge de los relojeros suizos y franceses llevó a la creación de sofisticados autómatas diseñados para el entretenimiento (I robot). Jacques de Vaucanson, por ejemplo, construyó un pato mecánico (I robot) capaz de imitar el acto de comer y digerir, mientras que Pierre Jaquet-Droz creó máquinas (I robot)que escribían y dibujaban, precursores de los robots programables modernos.
Con la Revolución Industrial, las ideas de automatización encontraron aplicaciones prácticas en la manufactura (I robot). Los telares automáticos, como el de Jacquard, introdujeron tarjetas perforadas para controlar patrones, un concepto que más tarde influiría en la programación de computadoras.
El siglo XX: El surgimiento de los robots modernos
El término «I robot» se originó en 1921 con la obra «R.U.R.» del escritor checo Karel Čapek, que presentaba máquinas humanoides creadas para servir a los humanos. En la vida real, los avances en electrónica y cibernética permitieron la construcción de los primeros robots funcionales. Uno de los pioneros fue Elektro (I robot), un robot presentado en la Feria Mundial de Nueva York en 1939, capaz de hablar y realizar movimientos básicos.
En las décadas de 1950 y 1960, la robótica comenzó a integrarse en la industria. Empresas como Unimation desarrollaron los primeros (I robot) robots industriales, diseñados para realizar tareas repetitivas en líneas de ensamblaje. Estos sistemas transformaron sectores como la automoción y la manufactura, aumentando la eficiencia y reduciendo costos.
El siglo XXI: Inteligencia artificial y robótica avanzada
En la actualidad, los robots (I robot) han superado los límites de la física y la mecánica tradicionales gracias a los avances en inteligencia artificial (IA). Robots como los de Boston Dynamics (I robot) pueden realizar tareas complejas como correr, saltar y mantener el equilibrio en terrenos irregulares. Por otro lado, la robótica doméstica, representada por dispositivos como aspiradoras automáticas o asistentes virtuales como Alexa, se ha integrado en la vida cotidiana.
La exploración espacial también depende en gran medida de los robots. Rovers como Curiosity y Perseverance han ampliado nuestro conocimiento sobre Marte, mientras que los brazos robóticos en la Estación Espacial Internacional asisten en misiones críticas.
Reflexiones finales
La historia de los robots y autómatas es una crónica de la creatividad humana y su deseo de entender y replicar la vida (I robot). Desde los simples mecanismos de la antigüedad hasta los sistemas inteligentes actuales, estos avances reflejan cómo la tecnología ha evolucionado para responder a nuestras necesidades y aspiraciones. A medida que la robótica continúa desarrollándose, plantea también preguntas éticas y filosóficas sobre la naturaleza de la humanidad y nuestro lugar en un mundo cada vez más automatizado.
I robot
Otros temas en el programa I ROBOT de esta semana:
Cancelar el woke
Todo lo que viene y se pone de moda acaba cambiando. Esta sucediendo ahora que se procede a cancelar el woke. Nos lo han implementado a la fuerza, lleno de absurdo, privilegios a unos pocos y contradicciones haciendo que la gente, a poco que piense, se harte de tanta estupidez. Los grandes adalides y defensores de lo woke han sido pillados con la mano en el carrito de los helados, o más directamente con las manos en las entretelas y entre las piernas y claro, no puedes defender públicamente lo que luego practicas en privado. Es como si un amante y practicante de BDSM dijese en público que es un firme defensor del amor romántico.
Cien años de soledad, la serie.
En episodios pasados os hablé del libro “Cien años de soledad” de Gabriel García Marquez, cuando aún no había visto la serie. Una vez que la he visto os traigo esta reseña con lo que me ha parecido la hasta ahora primera parte de dicha serie.
Esta adaptación, dirigida por Alex García López y Laura Mora, consta de 16 episodios divididos en dos partes; la primera, de 8 episodios, ya está disponible, mientras que la segunda parte tiene una fecha de estreno aún por definir. La serie ha sido producida íntegramente en Colombia, respetando el idioma original de la obra y capturando la esencia del realismo mágico que caracteriza al libro.
El elenco incluye a Claudio Cataño como el Coronel Aureliano Buendía, Diego Vásquez como José Arcadio Buendía y Marleyda Soto en el papel de Úrsula Iguarán, entre otros talentosos actores que dan vida a los miembros de la familia Buendía a lo largo de las generaciones.
La serie ha generado opiniones divididas entre críticos y espectadores. Algunos elogian la fidelidad de la adaptación y la calidad de la producción, destacando la recreación del mítico pueblo de Macondo y la profundidad de los personajes. Sin embargo, otros señalan que la complejidad y riqueza literaria de la novela presentan desafíos difíciles de superar en un formato audiovisual, y que ciertos elementos poéticos y simbólicos pueden perderse en la traducción a la pantalla.
A pesar de las críticas, la serie ha tenido una recepción positiva en términos de audiencia, ubicándose en el top 10 mundial de series de habla no inglesa en Netflix. Esto refleja el interés y la curiosidad que ha despertado esta ambiciosa adaptación de una de las obras más importantes de la literatura latinoamericana.
David Lynch. In Memoriam
Hace poco nos ha dejado del director David Lynch, Se nos ha ido uno de mis directores favoritos. A él le debemos muchas lecciones sobre cómo hacer cine. Cómo llevar al cine lo que su imaginación desbordaba. Películas como “Mulholland Drive”, “Terciopelo azul” o series como “Twin Peaks” permanecerán siempre en nuestra memoria y en la historia de este, DEP, director.
In Memoriam: David Lynch (1946–2025)
El mundo del arte, el cine y la televisión ha perdido a una de sus figuras más enigmáticas y visionarias. David Lynch, quien falleció el 19 de enero de 2025 a la edad de 79 años, deja tras de sí un legado que redefinió los límites de la narración y la creatividad en el siglo XX y XXI. Su capacidad para transformar lo cotidiano en algo profundamente inquietante, su maestría al explorar los rincones más oscuros de la mente humana y su habilidad para jugar con la lógica del sueño y la realidad, lo consolidaron como uno de los artistas más influyentes de nuestro tiempo.
El visionario de lo surreal
Nacido el 20 de enero de 1946 en Missoula, Montana, David Lynch se formó como pintor antes de aventurarse en el cine, y esta formación visual marcó profundamente su obra. Su primer largometraje, Eraserhead (1977), fue una declaración de intenciones: un relato visceral y perturbador que le aseguró un lugar en la historia del cine experimental. A partir de ahí, Lynch continuó desafiando las normas con títulos como Blue Velvet (1986), una exploración de la perversión y el deseo en la aparente tranquilidad de los suburbios estadounidenses, y Mulholland Drive (2001), considerada por muchos como una obra maestra del cine moderno.
En televisión, su serie Twin Peaks (1990-1991; 2017) revolucionó el formato del drama televisivo, creando una mezcla única de misterio, surrealismo y drama humano que influiría en generaciones posteriores de creadores. La pregunta “¿Quién mató a Laura Palmer?” se convirtió en un fenómeno cultural, mientras que el regreso de la serie en 2017, con Twin Peaks: The Return, reafirmó su reputación como un maestro de lo inesperado.
Más allá del cine
El talento de Lynch no se limitó a la gran pantalla. Fue un prolífico pintor, escultor, músico y creador de instalaciones artísticas. Su obra plástica, que a menudo comparte el mismo carácter inquietante de su cine, se ha exhibido en galerías de todo el mundo. También exploró el sonido y la música, colaborando con artistas como Angelo Badalamenti, cuyo trabajo en bandas sonoras como Twin Peaks y Blue Velvet fue inseparable del universo lyncheano.
Su plataforma digital David Lynch Theater y sus proyectos más recientes demostraron su pasión incansable por experimentar. Ya sea a través de cortometrajes, meditaciones diarias o relatos surrealistas. Lynch también fue un ferviente defensor de la Meditación Trascendental, que consideraba fundamental para su creatividad y su equilibrio personal.
Un legado eterno
Lynch dejó una marca indeleble en el cine y la cultura contemporánea. Su estilo único e inimitable, caracterizado por el uso audaz del sonido, la composición visual meticulosa y las narrativas fragmentadas. Lo diferenciaron de sus contemporáneos y lo convirtieron en un referente para las nuevas generaciones de artistas. Su influencia se extiende desde directores como Denis Villeneuve y Guillermo del Toro hasta creadores de series como Damon Lindelof y Noah Hawley.
Más allá de su contribución al arte, Lynch también era conocido por su espíritu amable. Su sentido del humor excéntrico y su visión optimista de la humanidad. En palabras del propio Lynch: “Las ideas son como peces. Si quieres atrapar peces pequeños, puedes quedarte en aguas poco profundas. Pero si quieres atrapar peces grandes, tienes que ir más profundo”. Con su partida, el mundo pierde a un buscador incansable de esos peces grandes.
Hoy, recordamos a David Lynch no solo como un cineasta y artista. Sino como un verdadero innovador que nos enseñó a mirar más allá de lo evidente. Y abrazar la belleza y el misterio de lo desconocido. Su legado vivirá eternamente en cada obra que nos dejó y en cada espectador que se atreva a perderse en su universo.
No quiero matarte – Capítulo 21
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