La vampira de Barcelona

Vampira
La vampira de Barcelona
Temporada 4 • Episodio 24 • [04x24]

La vampira de Barcelona

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Enriqueta Martí, conocida como La vampira de Barcelona, llevaba una doble vida

De día, era una mujer del pueblo. Pobre, discreta, invisible. Una más entre los miles de mujeres que malvivían en el Raval de Barcelona a principios del siglo XX. De noche, cruzaba al otro lado de la ciudad. Se ponía ropa de señora. Llamaba a puertas de pisos burgueses. Y vendía cosas que no se preguntan en voz alta.

Eso es lo que sabemos. Lo que no sabemos podría llenar un cementerio.

¿Sabremos algún día la verdad? De momento ahondaremos en la Biografía de Enriqueta para conocer más su vida y motivaciones. 
 

LA VAMPIRA DE BARCELONA | LuisBermejo.com 04×24 

 
 
Una Barcelona de dos mundos Para entender a Enriqueta Martí hay que entender la Barcelona de 1900. Era una ciudad que vivía en tensión permanente entre la burguesía modernista —la del Eixample, la del Liceu, la de los grandes palacios— y el proletariado hacinado en el Raval y el Barrio Chino. Dos mundos separados por dos kilómetros y un abismo social. En los barrios pobres, una niña desaparecida era, literalmente, un caso sin importancia. Los periódicos no la cubrían. La policía no investigaba. Los padres, si los había, no tenían dinero para presionar a nadie. Enriqueta lo sabía. Nacida en 1868 en Sant Feliu de Llobregat, Enriqueta Martí Ripollés llegó joven a Barcelona, donde trabajó como niñera antes de pasarse a la prostitución. Con el tiempo desarrolló otro negocio paralelo: curandera. Preparaba ungüentos y remedios para la gente del barrio. Nada raro para la época. Lo raro era la otra parte de sus servicios. National Geographic Historia Asustaba al vecindario porque era un poco bruja. Preparaba remedios misteriosos para curar a su clientela y también hacía servicios ocultos para la burguesía catalana. Servicios que nadie ha querido especificar demasiado en los libros de historia. Y eso, en sí mismo, ya dice mucho. ElNacional.catEl negocio que no se nombra Las acusaciones contra Enriqueta Martí son tan graves que todavía hoy cuesta escribirlas sin que se te revuelva el estómago. Se la acusó de secuestrar niños de las calles del Raval. Niños que nadie echaría de menos. Niños de familias rotas, de madres solteras, de mendigos. Se la acusó de prostituirlos para clientes ricos. Se la acusó de usar sus cuerpos para preparar ungüentos y pociones que vendía como remedios milagrosos contra la tuberculosis y la sífilis —las dos grandes epidemias de la Barcelona de entonces. Se la acusó, en definitiva, de asesinar a menores para convertirlos en mercancía. ¿Cuántos? Nadie lo sabe con certeza. Los archivos desaparecieron. El expediente judicial, ídem. El juzgado que llevó su caso ardió. Todo se esfumó con una pulcritud que da mucho que pensar. Lo que sí está documentado es que el rumor llevaba años circulando por Barcelona. Por las calles, plazas, mercados y patios de vecinos corría el rumor de que alguien se llevaba a los niños. Al principio no era más que una historia que contaban los padres a sus hijos para que fueran precavidos cuando jugaban en la calle. El gobernador civil de la ciudad, Manuel Portela Valladares, trataba de convencer a todos de que no era nada. National Geographic Historia Nada. Claro.El día que la pillaron 10 de febrero de 1912. Carnaval en el Raval. Esa noche los vecinos se habían volcado a las calles. Ana Congost se detuvo a hablar con una amiga, momento en que su hija, Teresita Guitart, aprovechó para zafarse de la mano de su madre y proseguir el paseo por su cuenta. Cinco años. Teresita tenía cinco años. Infobae Nadie la vio más durante diecisiete días. Hasta que una vecina llamada Claudina Elías —apodada la Cotilla, con todo el mérito del mundo— empezó a sospechar de su vecina de la calle Poniente número 29. La policía allanó el piso. Dieron con una niña rapada. «Aquí me llaman Felicidad», aseguró la pequeña de cinco años. Infobae También encontraron otra niña. Angelita, se llamaba. También había desaparecido tiempo atrás. Y encontraron otras cosas. Huesos. Ropa de niños. Material que la prensa de la época describió con un detalle que hoy nos parecería amarillísimo, pero que en 1912 tenía nombre propio: sensacionalismo rentable. Barcelona entera se volcó sobre el caso. Enriqueta Martí pasó a ser, de un día para otro, el monstruo que la ciudad necesitaba para explicar sus propias sombras.El juicio que nunca fue Aquí empieza la parte incómoda. La Audiencia de Barcelona elevó su causa a juicio acusándola de tan solo tres delitos: secuestro, suposición de parto y falsedad documental. Nada sobre asesinato. Infobae Leedlo de nuevo. Una mujer acusada públicamente de matar y mutilar niños durante años, con huesos encontrados en su domicilio, y la acusación formal se limita a secuestro y papeleo falso. Tres delitos menores. Como si la Justicia hubiera decidido mirar hacia otro lado desde el primer momento. Y luego llegó la guinda. Nunca llegó a sentarse en el banquillo de los acusados ya que falleció en prisión el 13 de mayo de 1913, a causa del cáncer. Infobae ¿Cáncer? En tres meses desde el arresto. A días de comenzar el juicio. Qué conveniente. Su muerte hizo crecer el mito de la Vampira del Raval y entre los ciudadanos surgió la sospecha de que la mujer había sido envenenada para evitar que denunciara a sus supuestos clientes, a quienes la vampira habría facilitado niños para satisfacer sus pasiones. Infobae No era un rumor de taberna. Era aritmética básica.La lista de los que callaron El jefe de policía José Millán-Astrany fue trasladado a Madrid. El alcalde de Barcelona Joaquim Sostre murió sin decir palabra. El gobernador Manuel Portela Valladares fue destituido. El periodista Luis Antón del Olmet, del diario ABC, encargado de hacer las crónicas del caso y entrevistador de Enriqueta mientras estaba viva en prisión, fue asesinado en el teatro Eslava de Madrid. ElNacional.cat Y el expediente judicial desapareció. Y la prisión de Reina Amàlia fue demolida. Y el juzgado ardió. Todo lo que pudiera hablar sobre lo que Enriqueta Martí sabía dejó de existir. Con una eficiencia que, honestamente, merece un aplauso por lo descarada. ¿Fue Enriqueta un monstruo solitario? ¿O fue la eslabón más débil de una cadena mucho más larga que ascendía hasta los pisos bien iluminados del Eixample? ¿Por qué la burguesía catalana —exactamente la misma que necesitaba remedios para sus enfermedades venéreas y que tenía dinero para pagar lo que fuera— no aparece en ningún sumario? Nadie lo investigó. O si lo investigaron, no quedó nada.¿Monstruo o chivo expiatorio? Hay una corriente de investigación más reciente que plantea una pregunta incómoda: ¿y si Enriqueta Martí no era lo que dijeron? Según el escritor catalán Jordi Corominas, Enriqueta Martí fue en realidad una mujer traumatizada por la muerte de un hijo, con apenas diez meses, a causa de la malnutrición. Perturbada por esa situación, secuestró a Teresita para buscarle compañía a Angelita. Hoy hubiera recibido atención psiquiátrica. Guioteca Esta versión minimiza enormemente los crímenes. Quizá demasiado. Los huesos encontrados en su piso no tenían explicación sencilla. Pero hay algo que sí tiene sentido en esta lectura alternativa: la magnitud de los crímenes atribuidos a Enriqueta —decenas de niños durante años, en pleno centro de Barcelona, con clientes burgueses y ninguna investigación seria— requiere una complicidad institucional que nadie quiso señalar. Es mucho más cómodo tener un monstruo con cara, nombre y apellidos. Una mujer pobre del Raval. Una curandera. Una prostituta. El tipo exacto de persona sobre la que se puede cargar cualquier cosa sin que nadie salga a defenderla. Y eso hace que la pregunta no sea tanto qué hizo Enriqueta Martí sino qué se ocultó detrás de Enriqueta Martí.Lo que quedó Enriqueta Martí Ripollés se ha convertido en uno de los personajes más oscuros de la historia criminal española, inspirando novelas, películas, obras de teatro y series de televisión. Su historia ha sido adaptada al cine, al teatro musical, a la animación. Ha aparecido en Cuarto Milenio. Hay libros académicos y libros amarillos. Todo el mundo tiene una versión. Wikipedia Lo que nadie tiene es la verdad. Porque la verdad se quemó, se trasladó a Madrid, murió de cáncer repentino o simplemente desapareció en algún archivo que nunca existió. Lo que queda es una mujer muerta en una prisión antes de declarar. Una ciudad que prefirió el mito a la investigación. Y una pregunta que lleva más de cien años sin respuesta: ¿Quiénes eran los clientes?
Otros temas en el programa : 
 

Cánones de belleza de la Antigua Grecia 

 
Los cánones de belleza han evolucionado a lo largo de los tiempos. Basta ver esculturas y pinturas que se conservan en la actualidad para darnos cuenta que lo que atraía en la prehistoria, en las civilizaciones clásicas, en la edad media, en el renacimiento, en la revolución industrial o en nuestros días (independientemente de lo que algunos grupos quieren imponer), para darnos cuenta que los gustos masculinos y femeninos han ido cambiando. ¿Cuáles eran en la Grecia Clásica los gustos femeninos y masculinos? Vamos a verlos y analizarlos. 
 

Añoranza a la desconexión 

 
Estamos conectados continuamente. Hemos aceptado estarlo por nosotros mismos o por imperativo social. Estamos conectados y somos seguidos contiguamente en todos nuestros movimientos. De nada te sirve pagar en efectivo, si llevas tu teléfono contigo sabrán que estás en una tienda, aunque configures el dispositivo para que no te siga, si está encendido, e incluso estando apagado te localizan. Así que, la única forma de estar desconectados es tirar el móvil, anular el contrato de fibra y vivir como se hacía antes, algo que muchos que nacieron en la época de internet, desconocen. Yo más de una vez me he sorprendido añorando aquellos tiempos… Quizá es que me hago viejo… 
 

Atentados a Hitler 

 
Todos los dirigentes de grupos, provincias o naciones, desde la antigüedad hasta nuestros tiempo han sufrido ataques, atentados, para eliminarlos y forzar un cambio en la sociedad. Normalmente éstos siempre tienen un motivo, tanto si los hacen grupos que pretenden democratizar, revolucionarios, la sociedad; aunque luego promuevan una dictadura, o si los hacen grupos que con el golpe de estado pretenden eliminar a gobiernos corruptos que disfrazan de democracia lo que no lo es. Hitler no estuvo exento de atentados, ni siquiera cuando era enaltecido por la sociedad. La suerte, su protección y la casualidad hizo que no sucumbiera a ninguno de ellos. 
 
Estoy Bien: El hombre del maletín – Estoy vivo – En el balcón y en calzoncillo – Plátanos maduros fritos

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