Misterio del supermercado

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El misterio del supermercado no es un relato ficticio, es una manera de acercarnos al éxito que, desde los 80 del siglo XX están teniendo este tipo de superficies a las que ir a hacer la compra.

Entras a comprar pan y leche.

Sales cuarenta minutos después con dos bolsas llenas de cosas que no estaban en tu lista, habiendo gastado el triple de lo que pensabas, y con la vaga sensación de que has hecho una compra excelente.

No ha sido casualidad. No has tenido un buen día. Te han manipulado. Con premeditación, alevosía y un presupuesto de marketing de varios millones de euros.

Bienvenido al supermercado moderno. El laberinto más rentable que el ser humano ha construido jamás.



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Cómo empezó todo esto

El supermercado tal como lo conocemos hoy no existía antes de la Segunda Guerra Mundial.

El primer supermercado de la historia moderna fue el King Kullen, abierto en Queens, Nueva York, en 1930. La idea era radicalmente nueva: un espacio enorme, con precios marcados en los productos, donde el cliente cogía lo que quería sin que nadie le atendiera. Sin dependiente. Sin mostrador. Sin la relación personal del comercio de barrio de toda la vida.

En España el modelo llegó tarde. Durante el franquismo, el pequeño comercio tradicional dominaba absolutamente. La gran expansión de los supermercados e hipermercados en España ocurrió precisamente en los años 80, cuando la apertura económica y la entrada en la CEE trajeron con ellas a las grandes cadenas francesas —Pryca, Continente, Alcampo— que dinamitaron el paisaje comercial del país en menos de una década.

El comercio de barrio no desapareció. Pero nunca volvió a ser lo mismo.


El diseño del laberinto

Nada en un supermercado es accidental. Absolutamente nada.

La primera trampa está en la entrada. Los productos más populares —la leche, el pan, los huevos— están colocados deliberadamente lejos de la entrada y al fondo del establecimiento. Para llegar a ellos tienes que atravesar el supermercado entero. Y mientras lo haces, pasas por delante de cientos de productos que no ibas a comprar.

Los pasillos están diseñados para que no puedas ir en línea recta. La disposición de los productos obliga a recorrer todo el supermercado, aumentando la exposición a artículos que el cliente no tenía intención de adquirir. PsicoPico

Los carritos de la compra son otro clásico. Están diseñados de manera que parezcan más vacíos de lo que realmente están. Un carrito que parece vacío crea una presión psicológica inconsciente para llenarlo. Si llevas una cesta pequeña, el límite físico te frena. El carrito grande elimina ese freno. Mentes Abiertas


Lo que entra por los oídos y la nariz

La música no está ahí para hacerte más agradable la visita.

La música lenta y relajante hace que los compradores se muevan más lentamente, lo que significa que van a pasar más tiempo mirando las ofertas y considerando hacer compras adicionales. Varios estudios lo han medido con exactitud: la música lenta puede aumentar las ventas entre un 30 y un 40% respecto a la música rápida o al silencio. Gizmodo

El olor a pan recién horneado que hueles al entrar a muchos supermercados no es porque el panadero haya llegado pronto. El olor a pan recién horneado despierta el apetito de los clientes y les hace sentirse más propensos a adquirir productos de panadería y otros alimentos. En muchos casos ese olor se genera artificialmente. Es marketing olfativo. Neuromarketing, en el lenguaje de los que estudian este fenómeno. Mentes Abiertas

El 85% de las decisiones de compra son inconscientes. Las marcas y los supermercados lo saben. Todo el diseño sensorial del espacio está orientado a ese 85%. Atalayar


La altura de los ojos

Hay una guerra silenciosa en cada estantería del supermercado.

Los productos más caros y rentables para el supermercado se colocan a la altura de los ojos en los estantes, donde el consumidor los ve fácilmente y los considera como opción primaria de compra. Los productos más baratos suelen estar en los estantes más bajos o más altos, donde es menos probable que el cliente los note. Mentes Abiertas

Las marcas pagan por ese espacio. Literalmente. El precio de colocar un producto a la altura de los ojos en un hipermercado de una gran cadena puede ser desorbitado. No es una cuestión de calidad ni de popularidad. Es una subasta.

La marca blanca suele estar a la altura de la rodilla. Busca bien.


Los precios que no son lo que parecen

El precio 1,99€ no es un precio redondeado al que le han quitado un céntimo por simpatía.

Es el resultado de décadas de investigación sobre cómo el cerebro procesa los números. El cerebro lee de izquierda a derecha y se queda con el primer dígito significativo. 1,99€ se registra como «algo que cuesta uno y algo». No como «prácticamente dos euros».

Las ofertas del tipo «3×2» o «llévate el segundo al 70%» están diseñadas para el mismo efecto. Las ofertas de adquisición de productos por cantidad hacen que termines gastando más de lo planeado. La oferta es real. Pero la mayoría de las veces no necesitabas tres unidades. Ibas a por una. Moncloa


¿Y el comercio de barrio?

La pregunta que está en el fondo de todo esto es si el supermercado ha matado al comercio tradicional o simplemente lo ha obligado a cambiar.

La respuesta honesta es: las dos cosas.

Miles de pequeños comercios de alimentación cerraron en España durante los años 80 y 90, incapaces de competir en precio ni en variedad con las grandes superficies. El modelo de la tienda de ultramarinos de toda la vida, con su dependiente que te conocía por el nombre, simplemente no pudo aguantar el golpe.

Pero el comercio de proximidad no murió del todo. Mutó. La frutería especializada, la carnicería de calidad, el colmado gourmet, el mercado municipal renovado, todos encontraron un nicho que el supermercado no puede ocupar: la especialización, el trato personal y la calidad frente al volumen.

El supermercado ganó la guerra del precio. El pequeño comercio sobrevivió en el territorio donde el precio no es el único argumento.


El misterio resuelto

¿Por qué nos gusta tanto ir al supermercado?

Porque es cómodo. Porque está todo en un sitio. Porque los precios son competitivos. Porque el entorno está diseñado para que nos sintamos bien mientras gastamos.

Y porque nos han convencido de que elegimos libremente lo que metemos en el carrito, cuando en realidad hemos recorrido exactamente el camino que alguien diseñó para nosotros, hemos mirado exactamente los productos que estaban colocados para que los miráramos, y hemos reaccionado exactamente a los estímulos que un equipo de psicólogos y expertos en neuromarketing preparó con meses de antelación.

La próxima vez que entres a comprar pan y leche, ya sabes lo que hay.



Otros temas en el programa:


Imprevistos cotidianos

Cualquiera que realiza la acción de vivir sabe que siempre, mas pronto que tarde, le van a sobrevenir imprevistos cotidianos. Si tienes tu hogar, aunque sea nuevo, de pronto un día te salta el diferencial, te gotea un grifo o el aire acondicionado empieza a echar agua por donde no debe y entonces, si no tienes un buen seguro de hogar, te tocará apoquinar.

No digamos ya si compras ese adorable piso céntrico de antigua construcción y con antiguas instalaciones y por ahorrarte una pasta, decides recomponerlo tu mismo, bien por que sabes hacerlo o porque has visto un vídeo en el que te cuentan cómo arreglar algo. Hago también referencia por tanto a lo que nos cuenta, en el fondo, la película “Esta casa es una ruina” cuyo título original es “The Money Pit”.

Los imprevistos cotidianos son aquellas situaciones inesperadas que surgen en el día a día y que pueden alterar nuestra rutina o planes. Aunque pueden parecer molestos o difíciles, aprender a manejarlos adecuadamente puede ayudarnos a desarrollar habilidades como la resiliencia, la adaptabilidad y la paciencia.

Algunos ejemplos comunes de imprevistos cotidianos incluyen:

1. Problemas de transporte: Que el coche no arranque, retrasos en el transporte público o atascos inesperados.

2. Compromisos de última hora: Cambios en reuniones o eventos que no estaban previstos.

3. Fallas tecnológicas: Un ordenador que no funciona, problemas con el Internet o una batería que se agota en un momento clave.

4. Situaciones domésticas: Averías en el hogar, como una tubería rota, un electrodoméstico que deja de funcionar o quedarse sin algún insumo esencial.

5. Cambios climáticos: Lluvias inesperadas o cambios bruscos de temperatura que afectan actividades al aire libre.

6. Problemas de salud: Malestares repentinos, alergias o pequeños accidentes, como torceduras o cortes.

Cómo gestionar los imprevistos

1. Mantener la calma: Evitar reaccionar impulsivamente y evaluar la situación con serenidad.

2. Buscar soluciones inmediatas: Resolver lo más urgente y priorizar lo que se puede hacer en el momento.

3. Planificar lo inesperado: Tener un margen de tiempo y recursos para afrontar situaciones imprevistas, como un kit de emergencia o un fondo de ahorro.

4. Aceptar lo que no se puede controlar: A veces, simplemente hay que adaptarse y aprender de la experiencia.

5. Solicitar ayuda si es necesario: Delegar o pedir apoyo puede facilitar la solución.



El maestro del suspense y el misterio

Y siguiendo con el cine, arte como ninguno para mostrar historias de misterio e imaginación. Nos centramos ahora en la obra de Alfred Hitchcock. Sir Alfred fue y sigue siendo hoy en día el maestro del suspense y el misterio, y a eso, de momento, no le gana nadie.

Alfred Hitchcock (1899-1980) es, sin lugar a dudas, una de las figuras más icónicas e influyentes en la historia del cine. Conocido como el “Maestro del Suspense”, Hitchcock revolucionó la narrativa cinematográfica al crear un estilo único que combinaba misterio, tensión psicológica y una cuidada técnica visual.

Su habilidad para manipular las emociones del espectador y su enfoque innovador en la construcción del suspense lo han convertido en un referente eterno del séptimo arte.

El Suspense según Hitchcock

Hitchcock entendía el suspense como una experiencia emocional que se genera cuando el espectador sabe más que los personajes de la película. Este enfoque, diferente del simple “susto” del cine de terror, implica una anticipación prolongada que mantiene a la audiencia al borde de sus asientos.

Para ilustrarlo, Hitchcock utilizaba el famoso ejemplo de la “bomba bajo la mesa”:

“Si una bomba explota de repente, el público se sorprende. Pero si el público sabe que hay una bomba bajo la mesa y que explotará en cinco minutos mientras los personajes conversan tranquilamente, se genera suspense.”

Este principio lo aplicó magistralmente en películas como “Sabotage” (1936) y “Notorious” (1946), donde el público está al tanto de peligros que los personajes ignoran, intensificando la tensión dramática.

Técnicas Visuales y Narrativas

Hitchcock no solo era un maestro del guion, sino también un visionario en términos de dirección. Entre sus recursos más destacados se encuentran:

1. El uso de planos y encuadres inusuales: Empleaba ángulos de cámara y perspectivas únicas para intensificar el dramatismo, como el famoso plano cenital en “Psycho” (1960) durante la icónica escena de la ducha.

2. El MacGuffin: Un elemento narrativo que parece ser crucial para los personajes pero que en realidad es secundario para la trama. Ejemplo: el microfilm en “North by Northwest” (1959).

3. El simbolismo visual: Detalles como sombras, espejos o pájaros tienen un significado más profundo, como en “The Birds” (1963), donde las aves simbolizan el caos y el miedo irracional.

4. El montaje: La famosa escena de la escalera de Odessa en “Battleship Potemkin” inspiró su enfoque en el montaje emocional, visible en “Rear Window” (1954), donde la edición crea una sensación de voyeurismo e intriga.

El Misterio como Arte

El misterio en el cine de Hitchcock no radica únicamente en resolver un enigma, sino en explorar las capas psicológicas de sus personajes y cómo sus secretos afectan a la trama.

En “Vertigo” (1958), por ejemplo, el misterio gira en torno a la identidad y la obsesión, mientras que en “Rebecca” (1940), el misterio está envuelto en la sombra de un personaje que nunca aparece en pantalla pero cuya presencia domina toda la película.

Colaboraciones Clave

El éxito de Hitchcock también se debe a sus colaboraciones con actores y compositores excepcionales.

Trabajó con grandes estrellas como James Stewart, Cary Grant, Grace Kelly y Ingrid Bergman, y su asociación con el compositor Bernard Herrmann dio lugar a bandas sonoras inolvidables, como la perturbadora música de cuerdas en “Psycho”.

Legado Inmortal

Hitchcock no solo redefinió el género del suspense, sino que también influyó en generaciones de cineastas como Steven Spielberg, Brian De Palma y David Fincher.

Su capacidad para combinar narrativa, técnica y emoción sigue siendo estudiada y admirada.

Su habilidad para jugar con las expectativas del público y explorar los oscuros rincones de la psique humana lo consagró como un maestro no solo del cine de suspense, sino del cine en su conjunto.

Hitchcock dejó un legado que va más allá de su tiempo, recordándonos que el verdadero miedo no está en lo que vemos, sino en lo que imaginamos.



La historia terminable

El título de esta historia se parece al de la historia interminable, pero en este caso es una adaptación a la realidad que vivimos en nuestros días, realidad que en realidad es irreal pues nos empeñamos en creer que lo que vemos en nuestros dispositivos con las Apps es la realidad, que muchas veces se puede convertir en nuestra pesadilla.

La frase “la historia terminable” sugiere una meditación sobre los límites, los desenlaces y el carácter finito de las narrativas.

En un mundo donde muchas historias parecen interminables, ya sea en series de televisión con múltiples temporadas, libros divididos en sagas o narrativas abiertas que evitan un cierre definitivo, reflexionar sobre lo “terminable” puede ser un recordatorio de que el final es una parte intrínseca y esencial de cualquier relato.

La Importancia del Final

En la literatura, el cine y otras formas de narrativa, el final no solo clausura la trama, sino que le da sentido a todo lo que lo precede. Un buen final tiene el poder de transformar una historia ordinaria en una experiencia inolvidable.

Desde los desenlaces sorprendentes de los cuentos de Edgar Allan Poe hasta los finales abiertos y filosóficos de autores como Franz Kafka o Haruki Murakami, cada historia encuentra en su término una oportunidad para resonar con su audiencia.

El Final en Contraste con la Eternidad

Mientras que las historias interminables suelen explorar la expansión y la complejidad (como las grandes epopeyas o los universos narrativos de la ciencia ficción y la fantasía), las historias terminables nos confrontan con la idea de cierre, de ciclo cumplido. Esto las hace más humanas, más parecidas a nuestra existencia finita.

En su obra “La Historia Interminable”, Michael Ende juega con la idea de la narrativa infinita, pero incluso esa historia encuentra un cierre simbólico: el ciclo de creación y destrucción.

La paradoja radica en que, para que algo tenga impacto, necesita tener un fin; lo interminable pierde su fuerza porque carece de resolución.

Tipos de Finales

1. Final Cerrado: Resuelve todas las preguntas planteadas, cierra los arcos narrativos y deja al lector/espectador con una sensación de completitud. Ejemplo: Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

2. Final Abierto: Deja cabos sueltos o cuestiones sin resolver, invitando a la interpretación del público. Ejemplo: 1984 de George Orwell.

3. Final Cíclico: Regresa al punto de partida, sugiriendo que la historia podría repetirse. Ejemplo: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

4. Final Sorprendente: Da un giro inesperado que cambia la percepción de todo lo que ha ocurrido antes. Ejemplo: El Sexto Sentido de M. Night Shyamalan.

El Valor de lo Terminable

Las historias terminables no solo reflejan el ciclo natural de inicio, desarrollo y desenlace que experimentamos en la vida, sino que también nos enseñan a aceptar los cierres.

En un mundo que constantemente busca prolongar lo efímero, reconocer el final de algo —una relación, un proyecto o incluso un periodo de la vida— puede ser un acto liberador.

Aceptar que las historias tienen un fin nos invita a vivirlas plenamente mientras se desarrollan, a encontrar belleza en el clímax y a valorar la lección que deja su término. Después de todo, como dijo el poeta T.S. Eliot:

“No dejaremos de explorar,

y el final de nuestra exploración

será llegar al lugar de donde partimos

y conocerlo por primera vez.”

¿Y tú? ¿Qué historia sientes que estás escribiendo en este momento y qué final imaginas para ella?


No quiero matarte – Capítulo 12


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